
* Esta exposición busca comenzar a paliar una deuda histórica con la pianista, compositora y pedagoga mexicana.
* La obra nos permite adentrarnos en un momento de transformación en el mundo creativo de Vázquez Ayala.
* Es la primera vez que se presenta en México esta pieza creada en 1980
La vida y práctica creativa de la pianista, compositora y pedagoga mexicana Alida Vázquez Ayala (1923-2015) transcurrieron entre México y Nueva York, ciudad a la que emigró en 1948 luego de estudiar en el Conservatorio Nacional de Música de la capital mexicana entre 1941 y 1947, donde tomó clases con compositores como Julián Carrillo y Esperanza Cruz. A lo largo de su trayectoria, construyó un lenguaje propio en el que su identidad mexicana dialogó con lenguajes como el atonalismo, el serialismo, la politonalidad y, posteriormente, con la música electrónica. Su camino como compositora comenzó a los 43 años con el desarrollo de su obra en diversas instituciones, pero también a través de redes de amistad y colaboración que fueron fundamentales para su vida creativa y para la manera en que hoy podemos reconstruir su historia.
Danzas de la vida y la muerte (1980). Genealogías reversivas de Alida Vázquez, exposición que se inaugura el sábado 17 de octubre en el Espacio de Experimentación Sonora (EES) del Museo Universitario Arte Contemporáneo, MUAC, busca comenzar a paliar una deuda histórica con la compositora mediante un ejercicio de genealogía especulativa y reversiva, a través de cuatro versiones libres de las compositoras contemporáneas Teresa Díaz de Cossío, Olivia Block, Debit y Lea Bertucci, con las que se proponen nuevas formas de relacionarse con el archivo de Vázquez Ayala y, a la vez, escuchar su legado desde el presente. Con esto, se presenta un ejercicio especulativo, de carácter ucrónico, que imagina una línea temporal donde la obra de Alida Vázquez no fue olvidada y su visión artística pudo influir en compositoras más jóvenes. Así, las versiones aquí presentadas no son sólo homenajes a Alida, sino ficciones reivindicativas de su obra.
Las piezas de Teresa Díaz de Cossío, Delia Beatriz, Olivia Block y Lea Bertucci no se limitan a utilizar sampleos de Danzas de la vida y la muerte, sino que profundizan en su estructura, su forma y su timbre, y cocrean con ellos a través de distintas estrategias compositivas: utilizan con libertad instrumentos acústicos, electroacústicos y electrónicos. De esta manera, piensan el archivo —no solamente la pieza, sino las cartas y las fotografías que se reunieron en el proceso de investigación— como documentos en transformación constante con los que es posible entablar un diálogo fructífero. Como la propia pieza que la inspira, la exposición también se vuelve un laboratorio sonoro, histórico y cronológico.
La obra Danzas de la vida y la muerte, curaduría a cargo de Teresa Díaz de Cossío y Guillermo García Pérez, se presenta por primera vez en México, adaptada al sistema multicanal del Espacio de Experimentación Sonora del museo.
Olvido histórico
La trayectoria histórica de la pieza ha estado signada por un olvido histórico dentro del canon mexicano tanto de la propia obra como de la carrera de la compositora capitalina, lo cual se ve reflejado en el destino de su archivo: no existe hoy un registro personal de Alida Vázquez Ayala que reúna de manera sistemática sus partituras, cintas, fotografías, escritos y pertenencias. “Para mayor inri”, señalan los curadores de este proyecto, “al final de su vida, gran parte de estos materiales fueron descartados, por lo que volver a contar su historia ha implicado una labor de reconstrucción oral y de una articulación necesariamente precaria de documentos dispersos y fragmentados, entre los que destacan intercambios epistolares”.
Una parte fundamental de la historia de la compositora ha sobrevivido gracias a una amistad estrecha: la de Esperanza Pulido, pianista y musicóloga, quien conservó durante décadas las cartas que recibió de Alida. Al respecto, los curadores comentan que “el intercambio entre ellas nos permite acercarnos a la vida cotidiana que rodeó la creación de Danzas de la vida y la muerte. En sus cartas, la artista no separa el proceso de composición de los pequeños acontecimientos de su día a día: durante ese periodo, asegura, se levantaba alrededor de las cinco de la mañana, regaba sus plantas, sacaba a pasear a sus perritas por Central Park y después se dirigía a trabajar. También, narra que podía pasar entre cinco y diez horas construyendo y transformando los materiales electrónicos que terminarían conformando la obra”.
Las cartas intercambiadas con Esperanza Pulido no fueron escritas pensando en construir una historia de la música electrónica ni en documentar para el futuro el proceso de una compositora. Formaban parte de una conversación sostenida en un momento en que Alida Vázquez cursaba el doctorado en composición en la Universidad de Columbia a los 54 años y tenía acceso al Columbia-Princeton Electronic Music Center, cofundado en 1958 por Vladimir Ussachevksy —quien también fue su maestro–— y donde trabajaron compositores tan destacados como Alice Shields, Charles Dodge, Milton Babbitt o Ingram Marshall.
Danzas de la vida y la muerte nos permite adentrarnos en un momento de transformación en el mundo creativo de Vázquez Ayala. Concebida para medios electrónicos y en colaboración con la compañía de la coreógrafa estadounidense Claudia Gitelman, la obra está formada por tres estudios breves con los que Alida buscó responder a los retos particulares de componer para la danza contemporánea. La pieza se estrenó el 5 de febrero de 1980 en The Open Eye Theater, en Nueva York, interpretada por la compañía de Gitelman. Contaba con un elemento visual que acompañaba el performance, pero del cual no existe aún documentación localizada.
Danzas de la vida y la muerte fue también un laboratorio. Alida concibió la obra como una manera de enfrentarse a los problemas específicos de escribir para cuerpos en movimiento y como preparación para un proyecto de mayor escala: Mexus Dances, el ballet para orquesta y pensado para la compañía de Gitelman que posteriormente desarrollaría como proyecto de disertación doctoral. La experiencia parece haber producido un descubrimiento importante ya que, después de trabajar con Gitelman, Alida escribió a Esperanza Pulido: “Creo que he encontrado el idioma de la danza en mi música”.
Además de presentar Danzas de la vida y la muerte de forma íntegra, las versiones retrodictivas, o reversiones, cruzan la frontera entre México y los Estados Unidos, buscando emular las redes trasnacionales de amistad y colaboración que trazó la propia Alida y que fueron clave para su pensamiento y trabajo.
Las lamentables lagunas del archivo de Alida Vázquez pueden transformarse, así, en un campo abierto de experimentación que acepta múltiples hipótesis en forma de reversiones.
Actividad en el marco de la apertura
Como parte de la apertura se realizará una charla inaugural que incluirá la presentación de la investigación de este proyecto, así como la presentación en vivo con flauta de Teresa Díaz de Cossío alrededor de la figura de Alida Vázquez.
17 de octubre, 2026. Auditorio MUAC, 12:00 horas. Entrada libre/Cupo limitado.
Danzas de la vida y la muerte. Genealogías reversivas de Alida Vázquez.
Piezas de Alida Vázquez, Teresa Díaz de Cossío, Debit, Olivia Block y Lea Bertucci
17.10.2026–11.04.2027
Espacio de Experimentación Sonora del MUAC
Alida Vázquez (1923–2015)
Danzas de la vida y la muerte (1980)
11’
Reversiones contemporáneas (2026):
Debit 10′
Lea Bertucci 10′
Olivia Block 5′
Teresa Díaz de Cossío 10′
Curaduría: Teresa Díaz de Cossío y Guillermo García Pérez
Espacialización y asistencia técnica: Tobías Álvarez